Colbie Rascador Chancla para Gatos — Sisal y Felpa 50,5 cm

Precio 22,45€
Rascador de sisal con forma de chancla, en amarillo con felpa suave. 50,5 cm. Protege tus muebles con un toque divertido.
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Colbie Rascador Chancla para Gatos — Sisal y Felpa 50,5 cm
Colbie Rascador Chancla para Gatos — Sisal y Felpa 50,5 cm
Precio 22,45€

Un rascador con forma de chancla gigante, en amarillo, que es exactamente lo que parece: un sitio donde el gato afila las uñas a gusto y, de paso, un objeto que hace gracia nada más verlo. La suela es de sisal natural, la zona de rascado de verdad; el contorno y la pala van forrados en felpa suave, que es donde acaba tumbado cuando se cansa de rascar.

Los gatos no se afilan las uñas por capricho ni por fastidiar: lo hacen para retirar la capa vieja de la uña, estirar la espalda y los hombros, y dejar su marca en el territorio. Es una necesidad diaria. Si no tienen un sitio propio donde hacerlo, lo hacen en el sofá, en la alfombra o en la pata de la mesa. Darles una superficie de sisal es la forma más sencilla de que dejen en paz los muebles.

Va en el suelo, sin montaje, sin herramientas y sin ocupar pared: se deja donde el gato pasa a diario y ya está. Con sus 50,5 cm tiene longitud de sobra para que se estire a lo largo mientras rasca, que es como realmente les gusta hacerlo.

  • Rascador de suelo con forma de chancla
  • Superficie de rascado en sisal natural
  • Contorno y pala en felpa suave color amarillo
  • Medidas: 50,5 × 24 × 14 cm
  • Sin montaje: listo para usar
  • Ayuda a mantener las uñas cortas y a proteger sofás y alfombras
  • Referencia F561944

Dónde ponerlo

El sitio importa más que el rascador. Colócalo donde el gato ya rasca o justo al lado del mueble que quieres salvar, y en una zona de paso: los rascadores escondidos en un rincón no se usan. Otro punto que funciona muy bien es cerca de donde duerme, porque lo primero que hace un gato al despertarse es estirarse y rascar.

Si no le hace caso los primeros días: no lo fuerces a poner las patas encima. Juega con una caña o un cordel justo sobre la superficie de sisal y deja que la pise él solo. En cuanto rasque una vez, el tacto hace el resto.

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